miércoles, 22 de febrero de 2017

* Reseña: La niña que soñaba la Bella Durmiente





La niña que soñaba la Bella Durmiente
Gabriel Barnes - Mirita
Buenos Aires, Colihue, 2016.
96 p. : il. ; 20 cm (Colección Colihue joven).
ISBN 978-987-684-008-8.


¿Qué sucede cuando una persona está en coma? Un diagnóstico incierto que puede durar años... sin que se sepa si alguna vez saldrá de esa situación o cuándo. Sin saber si hay una destrucción del cerebro o solo una desconexión con el mundo real.
  Pero el caso de Alicia es complicado porque se trata de una niña de 11 años que sufre un accidente de tránsito que la sumerge en ese estado.
  Pese a que esta novela tiene varios personajes, cada capítulo (salvo el último) está narrado en primera persona por sus protagonistas principales.
  La primera es Alicia, quien puede oír y comprender lo que escucha y también sentir algunas sensaciones en su piel u olfativas.
  Ante el enigma de lo que puede o no, sentir una persona en esas circunstancias, Alicia está permanentemente acompañada por sus padres, maestra y compañeros de escuela, quienes le hablan suponiendo que ella puede escucharlos.
  Los narradores, entonces, se alternan entre Alicia, Iván, Helena y Carmen.
  El último capítulo es el único narrado en tercera persona por un “narrador omnisciente”.
  El amor adolescente entre la protagonista y su compañero Iván se mezcla con la magia de la lectura de un libro que Alicia estaba leyendo cuando ocurre el accidente y que Iván se lo termina de leer en voz alta en sus diarias visitas.
  Y como en el cuento de La Bella Durmiente, Alicia despierta, luego de un año, con el beso de Iván al poner punto final a la lectura. El primer beso de ambos púberes.
  Las ilustraciones de Mirita se integran al texto ampliando la comprensión lectora.
  Una excelente escritura de Gabriel Barnes que atrapa a lectores de todas las edades y que merecería el premio de los “destacados de ALIJA 2016”.
  Este libro fue originalmente editado en España en el año 2009, por Lóguez Ediciones.

Raquel Marta Barthe, para El Mangrullo.

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